
Narrativas de género
Artículo de investigación (Colombia)
By Patricia Naranjo
La cultura construye al individuo, al mismo tiempo que el individuo le retroalimenta a través de estructuras simbólicas, conceptuales e icónicas que se convierten en paradigmas y permanecen con cierta solidez, aún dentro de la realidad dinámica que contiene. El género constituye, a diferencia del sexo, un conjunto de ideas, pensamientos, imaginarios y apreciaciones que se tienen sobre ser hombre o mujer, y que determinan al mismo tiempo una carga estereotipada, sobre los comportamientos que se esperan, durante toda la vida de un sujeto, por el hecho de asumir un rol social enmarcado y enlazado directamente a su órgano reproductor.
En primera instancia y desde la perspectiva de García (2007) El concepto de género emergió para designar todo aquello que es construido por las sociedades para estructurar, ordenar, las relaciones sociales entre mujeres y hombres. Al basarse estas relaciones, estas construcciones sociales y simbólicas en la diferencia sexual, se estructuran relaciones de poder cuya característica esencial es el dominio masculino. (p12) es decir, el hombre era el que “por naturaleza” poseía las capacidades de entendimiento y la voluntad para realizar el pacto social con los demás hombres, que dará origen al nuevo Estado Moderno. (Lecourt, 2005).
Al hombre le es entregada la responsabilidad de ejercer un rol dominante, dentro de la sociedad y dentro de la familia, con capacidad de liderazgo, toma de decisiones, control político, económico y emocional, como lo describen Hardy y Jiménez (2018)
La familia, la escuela, los medios de comunicación y la sociedad en general le enseñan explícita e implícitamente la forma en que debe pensar, sentir y actuar como “hombre”. Por ejemplo, no puede llorar, debe ser fuerte, no debe mostrar sus sentimientos, no puede tener miedo, y debe ser viril. (p.33)
Ser hombre se relaciona con el concepto de masculinidad y se establece que deben ser conceptos en sintonía, entendiendo lo masculino como sinónimo de rudeza, fuerza, hegemonía, entre otras cosas, en oposición a lo femenino y en completa disonancia con ese imaginario.
La génesis de lo masculino como ideario de poder y dominación, se sustenta en la percepción de debilidad de la mujer desde su biología, asociada a las reacciones propias del proceso gestacional o del parto. (Martínez,2017) El hombre se percibe como poderoso, capaz, proveedor y cazador, situación por la cual deben considerarse para él acepciones de superioridad que son la base conceptual del patriarcado como estructura social. En coherencia con lo masculino, los estereotipos asignan gestos, discursos, colores, autocontrol, liderazgo y uso de la fuerza, al hombre se le cohíbe de cualquier manifestación de debilidad o flaqueo, no le juzga por el llanto, la expresión emocional en general, o por el desempeño de actividades que se consideren propias de las mujeres.
La historia de las mujeres ha estado caracterizada por constantes luchas por el reconocimiento y goce de sus derechos en condiciones de equidad, en tanto han sido concebidas por mucho tiempo como sujetos no políticos, al margen de la sociedad. Esta afirmación puede encontrarse ampliamente en libros de filosofía y en general de todas las ciencias, en los cuales se afirmaba con toda certeza la inferioridad de las mujeres, El Contrato Social de Rousseau (1762), por ejemplo, no concebía a las mujeres como sujetos políticos, relegándolas a una posición de dependencia respecto de los hombres, excluidas del pacto social, puesto que el hombre era el que “por naturaleza” poseía las capacidades de entendimiento y la voluntad para realizar el pacto social con los demás hombres, que dará origen al nuevo Estado Moderno.
Este apartado permite evidenciar en gran medida, la concepción que la sociedad, vislumbrada a través de Rousseau, tenia de las mujeres, concepción que ha tenido largo alcance y que permaneció casi intacta en Colombia hasta entrado el siglo XX, esto es ilustrado por Velásquez (1985):
Los derechos de las mujeres no se consideraban ni siquiera como abstracción jurídica. La mujer no era sujeto de derechos, más sí de obligaciones. La Constitución Política la excluía del manejo y la intervención en los asuntos estatales desde 1821. Esta situación marcaba la pauta de la condición de la mujer en otros ámbitos de la vida institucional del país. La reforma constitucional de 1936 otorgó a la mujer el derecho a ocupar cargos públicos que llevaran anexa autoridad o jurisdicción. La reforma constitucional de 1945 estableció el derecho a la ciudadanía, pero como una ficción jurídica ya que el derecho al sufragio, a elegir y ser elegidos, se dio exclusivamente a los varones. Sólo en 1954 le fue otorgado ese derecho a la mujer (…) (p. 96)
Lo anterior muestra en forma resumida pero contundente, como el valor social que se le otorgaba a las mujeres, hasta hace muy poco tiempo estaba legitimada por las leyes que regían en el país, y aunque la Constitución política de 1991 declara que las personas nacen libres e iguales ante la ley y que recibirán “la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica” (Senado de Colombia, 1991).
Esto es importante en tanto traza una línea divisoria para deslegitimar la evidente estructura patriarcal que en el país permeaba todos los ámbitos, y que actualmente se ha transformado, no solo en lo legal, sino en lo real. Sin embargo, no es suficiente, la larga preeminencia del patriarcado que ha regido por siglos la historia de occidente ha construido una serie de imaginarios sobre el ser mujer que han prevalecido y que de alguna manera impactan todos sus ámbitos de interacción y sin lugar a duda la academia no está por fuera de ello. Por esto es importante analizar como esas narrativas, construidas y replicadas por todos los medios de socialización impactan, en este caso el escenario educativo.
Igartua, J. J., & Fiuza, D. (2018). Persuading with narratives against gender violence. Effect of similarity with the protagonist on identification and risk-perception. Palabra Clave, 21(2), 499-523.
Lecourt, Y. (2005). Relaciones de género y liderazgo de mujeres dentro del partido comunista de Chile. (Tesis no publicada). Santiago de Chile: Universidad de Chile.
Bonzet, René y Frick, Beatrice Liezel. (2019) Experiencias de transformación de género entre mujeres líderes en el sector de EFTP del Cabo Occidental: una respuesta narrativa. La educación como cambio , 23 (1), 1-21. https://dx.doi.org/10.25159/1947-9417/3521
Revista de Investigación en Educación, nº 9 (2), 2011,
pp. 99-115 http://webs.uvigo.es/reined/
Martínez, A. y Ríos, F. 2006. Los Conceptos de Conocimiento, Epistemología y Paradigma, como Base Diferencial en la Orientación Metodológica del Trabajo de Grado Cinta moebio 25: 111-121. Recuperado de: file:///C:/Users/ayuda/Downloads/25960-1-85083-1-10-20130110.pdf
