
Familias que nutren.
by Patricia Naranjo.
La familia para Virginia Satir es un microcosmos, y si se entiende el cosmos como un conjunto de las cosas que existen, el microcosmos, inmediatamente constituiría una definición del todo en cerrado en un pequeño escenario de interrelación. En la familia, entonces se reproduce el universo social completo, en las relaciones entre los integrantes y la ubicación socio espacial de dicho núcleo familiar. Un espacio concreto que se ha llamado casa.
Para esta autora, las familias tienen dinámicas secretas, elementos que no pueden ser observados desde afuera, y es por esto que para ahondar en dichos elementos es necesario el conocimiento de cuatro subprocesos centrales.
La autoestima, entendida como la capacidad de cada uno de los integrantes del núcleo familiar, para auto-reconocerse valioso, autónomo, capaz. Este parece ser un elemento fundamental que funciona como motor de los demás subprocesos, pues solamente a través de una autoestima fortalecida, los integrantes de la familia tienen la capacidad de establecer patrones de comunicación adecuados, establecer normas, asignar roles y tomar decisiones en conjunto. Sin autoritarismos, ni mecanismos de interrelación basados en el poder o la opresión.
También se identifican conceptos como el de familia disfuncional y familia funcional o nutricia. La primera caracterizada por simbolismos como el silencio, el engaño, la falta de comunicación directa, el contacto difuso, falta de asignación de roles, falta de normas, reglas o acuerdos. La segunda, una familia con características de fortalecimiento mutuo, a través de la comunicación asertiva, la cercanía, el reconocimiento del otro, la asignación de roles, reglas y la posibilidad de escucha mutuo para llegar a tomar decisiones.
La Dinámica Familiar.
En términos de Virginia Satir; las familias pueden tener dinámicas internas nutridoras o conflictivas. En las primeras, los padres se consideran guías y no jefes autoritarios, reconocen ante ellos sus desaciertos igual que sus aciertos, su disgusto, coraje o desengaño tanto como su alegría estos progenitores, quizá una de sus características más sobresalientes, comprenden que los cambios son inevitables[1].
Estas familias nutridoras seguramente llevan a cabo conductas que incentivan la unión y cohesión familiar, convirtiéndose cada integrante en una fuente de apoyo del otro, de manera que se reconocen comportamientos asertivos.
Los hijos, parecen espontáneos y amables, el resto de la familia los toma en cuenta como personas. Existe armonía y fluidez en las relaciones interpersonales, si sucede algo imprevisto sus miembros se acomodan al cambio, se le da una gran importancia a los sentimientos y a la persona, sus integrantes presentan cuerpos ágiles y expresiones tranquilas, ven a la cara, no con miradas esquivas ni bajando la vista, hablan con voz clara y sonora, ven como normal el contacto físico y demuestran afecto, cualquiera que sea su edad, se sienten libres para expresar sentimientos, hablar de todo: desengaños, temores, penas, críticas o alegrías y éxitos[2].
Según el párrafo anterior, y con la clara intención de entender la unión familiar como una serie de acciones positivas, asertivas y nutricias que son aprendidas y aplicadas por cada uno de los integrantes del núcleo familiar, no se trata solo de estar unidos en el espacio, se trata también de establecer mecanismos de interrelación adecuados que permitan un acercamiento emocional real entre cada uno de los integrantes del núcleo familiar.
En el segundo caso, las dinámicas familiares conflictivas, los padres están ocupados diciéndoles a sus hijos lo que deben y no deben hacer. De esa manera, nunca llegan a conocerlos, ni los disfrutan como personas y tampoco los hijos a ellos, esta familia invierte todas sus energías en un esfuerzo inútil por evitar que aparezcan dificultades y cuando suceden, como es lógico, ya no tienen recursos para buscar soluciones, a veces predomina cierta frialdad, el ambiente en extremo cortés o lleno de secretos, evidenciándose una atmósfera de tensión, sus integrantes, se evitan unos a otros, se dedican demasiado al trabajo y demás actividades fuera del hogar, es común encontrar en ellos males físicos, pues sus cuerpos responden, como es de esperarse, ante un ambiente inhumano. En general, los miembros de la familia muestran rostros de aspecto huraño o triste, inexpresivo, los ojos esquivan la mirada. Las voces son duras, estridentes o apenas audibles, con frecuencia el sentido del humor es amargo, sarcástico y cruel[3].
Las relaciones inadecuadas al interior de la familia pueden constituir también motivaciones para la separación emocional entre los integrantes de la misma que a pesar de compartir el mismo espacio, rompen canales de comunicación y se establecen desde islas afectivas que distorsionan el concepto de unión, cohesión y desarrollo común.
[1] CASAS Fernández Gerardo. La Terapia Familiar y el Enfoque de Virginia Satir. Universidad de Costa Rica. Costa Rica, 2009, p. 36.
[2] Ibíd., p. 37
[3] CASAS Fernández Gerardo. La Terapia Familiar y el Enfoque de Virginia Satir. Universidad de Costa Rica. Costa Rica, 2009, p. 38.
